
Vecinos de Uncastillo participantes en la revolucion de Octubre de 1934, presos en la carcel de torrero. La mayoría fueron asesinados los meses siguientes al golpe fascista contra la República.
El pasado 24 de Julio, por iniciativa de la Asociación La Charata, se inauguró en el cementerio de Uncastillo (Zaragoza) un memorial que recuerda las personas que fueron asesinadas por los sublevados contra la República en 1936. Sigue así La Charata en su excelente trabajo de recuperar la memoria histórica de las víctimas de la represión franquista.
Gracias a la iniciativa de la Charata y con la colaboración del Ayuntamiento de Uncastillo y de la Diputación Provincial de Zaragoza, quedarán grabados para siempre en dos monolitos los nombres de 144 uncastilleros y uncastilleras y diez personas de otros pueblos, que fueron asesinados por el “delito” sin juzgar de soñar con un mundo más justo y atreverse a intentar conseguirlo. Muchos de ellos están enterrados en fosas comunes sin localizar y aunque su memoria estaba bien guardada en el corazón de sus familiares y amigos, estos no han tenido hasta ahora un lugar referencia donde recordarles, honrarles y llorarles.
Gracias a La Charata de Uncastillo, por hacer que la muerte física de todos aquellos jóvenes no se hay prolongado eternamente con la muerte del silencio y el olvido. Queda mucho por hacer. Ánimo compañeros y amigos de la asociación.
Julián Buey.
“Me quitasteis la vida lo único que tenia me quitasteis la tierra y la yerba y el rumor del río y la lluvia en la cara y el frescor de la mañana que pone los pelos de punta y el humo del aliento en el invierno y el sudor de la siega que parar con un pañuelo en la frente me quitasteis discutir con mi padre y reconciliarme con el abrazar a mi madre y reconciliarme con ella pelear con mis hermanos amar a mi mujer y fundir mis humedades con las suyas hasta hacer estallar los sentidos me quitasteis los llantos de los hijos que no pude tener y su sonrisa ni dejasteis que llorara de emoción mientras los veía crecer me quitasteis enseñarles a hablar a leer a reaprender el mundo con ellos devorarles a besos y sentir las yemas de sus dedos en mi cara me quitasteis las canas y los años cuidar de los míos y que los míos cuidaran de mi me quitasteis los sueños de un mundo mejor que sin bestias como vosotros”
“Sigo aquí cubierto por la tierra rozando mis huesos con otros huesos queridos conocidos o desconocidos perdido en una fosa común en un barranco o en unos pozos cubiertos de cal muerto de años no vivo ni puedo desear ni recordar ni olvidar ni odiar ni perdonar ni tener esperanza pero si pudiera desear desearía salir de aquí y arrastrar mis huesos hasta donde yacen los tuyos ahí donde los cipreses bajo una lápida que recuerda tu nombre y tiene un epitafio y recuerda que ha habido gente que te ha querido no puedo pero si pudiera arañaría la tierra hasta encontrarte para poner mi calavera ante la tuya no puedo gritar pero si pudiera te gritaría preguntándote por qué truncaste mi vida y si ha merecido la pena que sentías cuando durante años seguiste adivinando mi mirada en la mirada de los míos no puedo sentir deseo de desahogarme pero si lo sintiera te diría que eres un desalmado salvaje hijo de la gran puta vestida de azul un pobre bastardo engendrado de sueños imperiales y un patético cabrón marioneta de intereses poco confesables no puedo desear pero si si pudiera desearía que esto no hubiera pasado y nunca que nunca mas volviera a pasar no puedo recordar ni olvidar pero si pudiera nunca dejaría de recordarte la escoria asesina que fuiste ni olvidaría el genocidio del que fuiste cómplice e impulsor no puedo perdonar porque no puedo pero si pudiera no quiero no puedo tener esperanza pero si pudiera la tendría puesta en los que recogieron nuestras ilusiones y nuestros proyectos y siguen dando algo de ellos por ese mundo soñado en el que las desigualdades las injusticias la violencia el odio ya no existan”
(Pascual Micaley)

