44 parados de cada 100 son jóvenes. El drama del desempleo entre las personas jóvenes trabajadoras.

Publicado: 11 enero, 2010 en Empleo, Igualdad, Jóvenes
Una de las estadísticas que esperamos con mayor interés es la que nos da cada principio de mes  la evolución el paro en el mes anterior. Y cada estadística, indefectiblemente, hiela cualquier expectativa de brote verde que cualquier observador económico pudiera haber intuido en los días anteriores. El paro no deja de crecer, ese es el parámetro económico que mide de forma más realista el estado de la situación. Y en nuestra Comunidad Autónoma, el desempleo avanza a mayor ritmo que en el conjunto del estado español, laminando poco a poco el diferencial positivo en las cifras totales que todavía tenemos.
A pesar de las declaraciones de nuestro siempre optimista Consejero del Ramo, Alberto Larraz, empeñado en manifestar que las cosas van relativamente bien, el paro en Aragón crece a un ritmo mayor que en el conjunto de España. En el mes de diciembre hemos duplicado la tasa de incremento (España +1,41%, Aragón +2,85%). En términos interanuales el  número de personas paradas en Aragón se ha visto incrementado en el 30,26% mientras en el conjunto del Estado lo ha sido en la tampoco nada desdeñable cifra del 25,40. La evolución del paro en nuestro país, y con más razón en nuestra Comunidad Autónoma, es de preocupar. José Manuel Campa, Secretario de Estado de Economía, menos optimista que nuestro bienintencionado Consejero, no sitúa un crecimiento económico suficiente para incrementar el empleo hasta el año 2012. Volver a las bajas tasas de desempleo anteriores a esta crisis, va para mucho mas largo. Si las cosas van bien, tal vez en 2015.
Pero las estadísticas del paro nos dicen mas cosas. Las personas jóvenes menores de 30 años suman casi el 28% del total de las que están en desempleo. Si ampliamos un poco más la estimación de jóvenes hasta llegar a los 34 años, la suma de todos ellos nos da casi el 44% del total de parados. Produce, como poco, desazón.
Nuestros jóvenes han estado soportando un sistema educativo, cada cual lo califique como crea oportuno, que ha estado produciendo durante años, entre otras cosas, la paradoja de darnos un alto numero de licenciados y diplomados universitarios (sobre el papel, personas muy preparadas) y sin embargo producir un inaceptable grado de fracaso escolar. Ambos, universitarios “sobradamente preparados” y “fracasados escolares”, han ido a parar a un mercado laboral de acceso fácil en los últimos años, pero en ocupaciones muy mal remuneradas, con contratos basura y con enorme rotación. No es difícil toparnos con puestos de trabajo que requieren alta cualificación con remuneraciones inferiores a mileuristas. Véase el curriculum de cualquier joven treintañero y asómbrese del número de ocupaciones y la variedad que suman en pocos años de vida laboral.
El primer ajuste del empleo en las empresas ha sido el que se producido con los trabajadores temporales. Las personas jóvenes principales víctimas de esas modalidades contractuales, son en consecuencia las que de forma más rápida se van al paro. Es posible que muchos de estos jóvenes dispongan del colchón familiar que puede contribuir a hacer algo más llevadera esta situación. Pero esto no soluciona el problema de fondo.Si hace unos meses las personas jóvenes lo tenían difícil para emanciparse por la escasez de sus salarios y el exorbitado precio de la vivienda, ahora con un empleo que ni está ni se le espera, lo tienen imposible. ¿Es exagerado calificar de autentico drama social, el hecho de que cientos de miles de jóvenes vean alejadas, en un horizonte imperceptible, sus expectativas de emancipación? ¿Qué va a producir en nuestra sociedad el que todos estos ciudadanos y ciudadanas vayan perdiendo la esperanza de crearse un futuro decente en una sociedad que, paradójicamente, les vende el consumo y la ostentación como signo externo de éxito y valor fundamental, cuando no único?
Las políticas públicas deben tener en cuenta la prioridad de construir alternativas jóvenes, complementar su formación y facilitar su inserción en el mundo laboral. Hay que tenerlos en cuenta en las políticas activas y pasivas de empleo, pero también en las políticas sociales, educativas, en las de vivienda…. Se ha de facilitar la vuelta a las aulas de los jóvenes que las abandonaron de forma prematura. Pero para eso hay que dar razones fundadas de que ese viaje merece la pena. Es preciso mejorar nuestro sistema educativo, que ha de tener en cuenta no solo las necesidades del mercado laboral y su posible evolución, sino el crecimiento profesional y personal. Como le gusta repetir a un buen amigo, el sistema educativo debe jugar un papel fundamental en la superación de desigualdades. Habrá que ver lo que dan de si el Pacto por la Educación y el desarrollo de la Ley de Economía Sostenible.
Los Sindicatos tenemos un enorme compromiso con los jóvenes en el diálogo social. El Gobierno central y los autonómicos, así como las organizaciones empresariales tienen que estar a la altura de las circunstancias. Actuar de otra forma sería una irresponsabilidad. También la negociación colectiva tiene importantes retos; no son tiempos para el tran tran de la continuidad. Hay que racionalizar y enriquecer la negociación colectiva, priorizando el empleo, su creación, calidad y estabilidad. CCOO ya hemos lanzado nuestras propuestas, razonadas y razonables, para un acuerdo de ámbito estatal.
Vamos a ver si los próximos meses podemos ir alumbrando un poco de esperanza para esos millones de personas en paro que poco a poco la van perdiendo. Pensemos en los jóvenes sin empleo, en los que están condenados trabajos precarios con contratos y salarios basura, en los que sufren una rotación permanente, con trabajos intermitentes, a jornadas parciales y con largos periodos de desempleo.

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