¿Pedirle manzanas a una higuera?

Publicado: 5 abril, 2010 en Economía, Empleo

 

Dicen que una generosa dosis de optimismo es buena, incluso necesaria, para relanzar la economía. Tal vez sea cierto.  Pero negar la crisis en su día, no nos está salvando de sus efectos.  Y mantener la mirada fija  en esas decimillas de variación positiva del crecimiento del PIB, adivinando brotes en la economía, mientras se evita de las consecuencias tremendas que sufren miles de personas, no se sabe si puede estimular el consumo y la inversión (asuntos más que dudosos si persisten los problemas financieros), pero pueden tener consecuencias perversas si se toman medidas precipitadas, a destiempo, o sin el consenso social necesario.

 El paro en Aragón alcanza la peor cifra de los últimos 25 años.  La intensidad en la destrucción de empleo nos ha llevado en unos meses de una tasa de paro de un escaso 5% a otra cercana al 14%. Se ha destruido  en poco tiempo una buena parte del empleo creado durante muchos años de crecimiento económico y se imposibilita el acceso a un puesto de trabajo de la mayor parte de las personas que se incorporan a la población activa.

Hay otros datos que nos hablan de la gravedad de la situación. En un año el número de personas con permanencia en paro con una duración igual o superior a doce meses, ha experimentado un crecimiento del 121%. El número de personas que llevan en el paro entre seis meses y un año se ha incrementado un 60%.  Aquellos que,  por acabar sus prestaciones o no tener derecho a las mismas,  perciben un subsidio  o renta activa de inserción, han crecido un 175 %.

 Los datos, de forma persistente, siguen hablando de la necesidad de prever recursos para la protección para un mayor número  personas en desempleo, a no ser que se apueste por la exclusión social de una buena parte de la población trabajadora.  Y nos hablan de la necesidad de estimular la actividad económica para generar empleo.  Y, claro, para eso no vale tan solo con buenas dosis de optimismo. Ni es de recibo que se siga hablando de reformar el mercado laboral, laminando derechos,  pretendiendo hacer de lo que tan solo es el ensueño interesado de algunos, una  pócima milagrosa que nos curará de nuestros males, lanzándonos en la senda luminosa de la productividad y la competitividad en los mercados internacionales.

 Una buena parte de los problemas de nuestra economía, provienen de su posicionamiento en la estructura económica internacional. No tenemos un lugar entre las económicas que compiten con salarios miserables (¿alguien defiende para nosotros un lugar en ese espacio?). Pero tampoco tenemos una posición tecno-productiva que permita situarnos de forma próxima entre los países de vanguardia.

 Las repetidas reformas laborales, y también las políticas de moderación salarial, han estado orientadas en parte a incrementar los beneficios empresariales y mantener posiciones frente a los países de bajos salarios.  Y los problemas de fondo siguen sin resolver. Se han mantenido en el tiempo los desequilibrios en forma de precariedad  y de una enorme dualización del mercado laboral. Y la crisis nos ha demostrado una vulnerabilidad especial, en destrucción de empleo.

 Ninguna reforma laboral va a generar creación apreciable de empleo. Y si se acomete de forma precipitada, por concesiones al “run run”  del mantra empresarial, los efectos a medio plazo pueden ser realmente perversos.

El empleo se generará con el crecimiento económico y este difícilmente se producirá de forma real (sin necesidad de lupas) si persisten las dificultades de financiación para las pequeñas empresas y las familias. No habrá empleo a corto plazo si los gobiernos no disponen de suficientes ingresos por la vía fiscal, para poder ejercer su papel de incentivar la economía y mantener la protección social. Para eso también es necesario voluntad política, claro.

 Sería necesario  que los empresarios hicieran un mayor ejercicio, no ya de solidaridad con el conjunto de la sociedad, aunque no vendría mal, sino de una mayor visión de futuro para sus propios negocios y se centraran en las necesidades reales de la economía, dejando los mantras para los rezos dominicales. …. ¿O eso es pedirle manzanas a una higuera?

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comentarios
  1. […] La improcedente reforma laboral Julian Buey reflexiona en su blog sobre el empleo, la crisis, el paro y las porpuestas de Reformas Laborales. […]