Negociación Colectiva, salarios y competitividad.

Publicado: 25 noviembre, 2010 en Sin categoría

 

En 2009 sufrimos el retraso de la negociación colectiva, por las dificultades que aportaba la actitud empresarial de romper la dinámica de incrementos salariales en base al IPC previsto, llegando a negar la aplicación de incrementos ya pactados con anterioridad. 

La firma de un nuevo Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva, para los años 2010 al 2012, entre las organizaciones sindicales y las patronales, incluye una serie de reflexiones conjuntas acerca del diálogo social y la negociación colectiva, las claves para el desarrollo económico, la flexibilidad, formación,  subcontratación, beneficios empresariales  y un extenso etcétera, que deja abiertas puertas al desarrollo de acuerdos en esas materias  

En parte  salarial,  se acuerda una política de crecimiento moderado de los salarios con clara intencionalidad contribuir a la reactivación económica así como  al mantenimiento y recuperación del empleo. 

Para ello en el texto se propone pactar incrementos salariales de hasta el 1% para el año 2010,  entre el 1% y el 2% para 2011 y entre el 1,5% y el 2,5%, para 2012.,

Según este acuerdo, los convenios colectivos deben incorporar   una cláusula de revisión salarial, sin que ello trunque el objetivo de moderación salarial. Estas cláusulas deberán tomar como referencia el incremento salarial pactado en el convenio colectivo y la inflación real en todo el periodo, y que se adecuarán temporalmente en función de lo que se pacte.  Se acuerda, por tanto, el establecimiento de cláusulas de garantía con una perspectiva temporal más abierta de las que conocíamos en la negociación colectiva de años anteriores, pero con el mismo objetivo de   mantener el valor de lo pactado en materia salarial.

Los sindicatos, con la firma de este acuerdo interconferal realizamos un gran ejercicio de responsabilidad, aceptando  la moderación salarial, con criterios claros y aplicables, como un elemento importante para la competitividad de nuestras empresas,  la recuperación económica y el empleo, a cambio de unos compromisos empresariales también claros en el texto, aunque ciertamente menos concretos en su aplicación, en materia de mejora del empleo y moderación en las expectativas de beneficios. Se trataba de, subrayando la importancia de la negociación colectiva en la evolución de la economía, orientarla y encauzarla para el período 2010-2012, un periodo difícil en lo económico, en un país  con un sistema productivo insuficientemente competitivo y que está destruyendo empleo a un ritmo galopante. 

Sin embargo el Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva (ANC) no está teniendo el desarrollo deseable. Observamos una importante ralentización de la marcha de las negociaciones, con escaso número de convenios firmados y registrados. Una buena parte del origen de estos bloqueos reside  en la  lectura restrictiva del ANC que la parte empresarial está haciendo en las mesas.  Algunos de ellos  manifiestan claramente en las mesas de negociación la necesidad de imponer rebajas salariales similares a las soportadas por los trabajadores del sector público.  En otros la representación de los empresarios se acoge a la banda salarial más baja  y muestran oposición a plasmar cláusulas de garantías salariales en los términos acordados en el ANC.

Se extiende entre los empresarios la exigencia a los Sindicatos  de un ejercicio de “mayor responsabilidad” a la hora de encarar la firma de los convenios, forzando una mayor reducción de costes salariales, argumentando pretender así mayor la competitividad de las empresas.

Mientras, los representantes de los empresarios en la mesas de negociación, se muestran refractarios  a que la aplicación del ANC vía convenio colectivo  se  convierta en una  herramienta eficaz para  el fomento de la contratación indefinida. Tampoco están por la labor de introducir en los convenios, compromisos para evitar  el encadenamiento injustificado de contratos.  La contratación indefinida a tiempo parcial no se acepta como una alternativa a la contratación temporal o a la realización de horas extraordinarias. Es misión imposible que los empresarios acepten fórmulas efectivas para la reducción de beneficios empresariales, trasladables a precios y por tanto a una mayor competitividad  en el mercado de los productos. La jornada media anual efectiva ha aumentado. No se acepta negociar     sectorialmente o en el ámbito de cada empresa, medidas pactadas, concretas, practicables y evaluables para mejorar la competitividad.

Estamos asistiendo a un empobrecimiento de la negociación colectiva que se está centrando mayoritariamente en la disputa salarial.

Y en salarios, el incremento medio pactado para 2010 en los 98 convenios registrados hasta el mes de octubre, ha sido del 1,30% en Aragón, una media similar a la del  resto del estado.  Este incremento medio levemente superior a lo acordado en el ANC tiene su explicación en la aplicación de cláusulas salariales en la revisión de convenios vigentes, cuyo incremento medio ha sido del 1,36%.  Los convenios firmados bajo el paraguas del Acuerdo Interconfederal,  han experimentado un incremento medio del 0,90%. Tampoco ha sido homogéneo el incremento medio  pactado en los convenios de empresa y el de los convenios sectoriales. En los de empresa ha sido del 0,45%, mientras en los de ámbito sectorial lo ha sido del  1,37%.

 Estamos asistiendo a un proceso de negociación colectiva muy bloqueada bloqueada, que avanza lentamente, con dificultades y  con congelación salarial de facto en los ámbitos en los que no se llega a acuerdos  y con incrementos salariales muy moderados donde los hay, mucho más en los ámbitos de empresa y en los convenios sin vigencia anterior.

El que estos incrementos salariales a la baja se estén pactando un año en el que la inflación interanual  se situaba en octubre en el 2,3%,  muy superior a la del año anterior,  inquieta más cuando comprobamos una importante reducción de las cláusulas de garantía salarial.  Estas cláusulas que en años anteriores se contemplaban en el 70% de los convenios, en el curso de la negociación colectiva de esta año se han reducido al 33’67%  de los convenios firmados.   Si no se corrige esta tendencia en los convenios pendientes por firmar, 2010 culminará con una significante pérdida de poder adquisitivo. 

¿La disminución del poder adquisitivo de los va a dotar de una mayor competitividad a  nuestra economía, haciendo más baratos nuestros productos en el mercado?

Es posible que esto pueda tener efecto en algún sector minoritario y con menos futuro de nuestro sistema productivo. Pero hay pocas dudas de que la reducción del poder adquisitivo no es el instrumento adecuado para impulsar nuestra economía de forma sólida.

Nuestras empresas tienen un serio déficit en internacionalización. Los sectores más expuestos a competencia global son la industria y en menor medida agricultura y pesca. En el año 2000 la industria contribuía al 20,9 del PIB y ha ido reduciendo su peso paulatinamente hasta el 15,1% en 2009.  En el sector primario se ha pasado en ese mismo período de tiempo del 4,4% al 2,5%. El sector de la construcción ha pasado del 8,3 al 10,7% y su expansión y el precio de sus productos nada ha tenido que ver con los salarios ya que son bien conocidos los factores que han influido en su desarrollo, sobre todo en lo que respecta a la construcción residencial.

Algunos subsectores de servicios compiten en el mercado interno y en el internacional, el más claro y de mayor magnitud puede ser el de turismo en el que los factores de competitividad no están lastrados precisamente por el excesivo peso de los salarios o por rigidez en las relaciones laborales.

 Los servicios públicos tienen un peso que supone más de la mitad del sector y todo ello a pesar de que se han visto sometidos un proceso de externalización y privatización más para abaratar costes que para hacerlos competitivos…. tampoco compiten en el mercado internacional, ni pueden mejorar nuestra balanza comercial.

No se pueden aceptar argumentos empresariales sesgados, sin antes profundizar en el estudio serio de la repercusión real de los salarios en la competitividad de nuestras empresas,  teniendo en cuenta, la incidencia que cada uno de los factores que influyen en un proceso productivo, tienen en el precio final de un producto. No se pueden abrazar de forma acrítica tesis, que en algún caso pueden ser bienintencionadas, pero que viniendo de parte interesada (empresarial) y expresadas en su crudeza meramente numérica, sin más consideraciones, producen serias reservas.

Un problema real y muy serio para la competitividad de nuestra economía, es la caída en picado del sector industrial, que no está demostrando la capacidad suficiente para afrontar  la grave situación de crisis que estamos viviendo. Y ni el origen de esta incapacidad está en los salarios, ni su disminución supondría una solución real a la misma.  Nuestro país tiene un déficit tecnológico. El 65% de las empresas del sector tiene un nivel medio o bajo en tecnología. Tan solo el 35% tienen tecnología alta o muy alta. Importamos mucha más tecnología de la que exportamos. El saldo comercial exterior en bienes de equipo es históricamente deficitario; seguimos importando mucha más maquinaria que la que exportamos y muchos de estos productos que exportamos, los que incorporan más tecnología, también tienen una dependencia exterior por falta de tecnología propia.

La gravedad y duración de la crisis, pero sobre todo la miopía de gobernantes y empresarios, puede extender la tentación de buscar la recuperación con viejas ventajas competitivas. Pero si se vuelve a las andadas de un crecimiento económico sustentado en el viejo modelo de sectores intensivos en mano de obra barata y en tecnologías desfasadas, será una vuelta atrás de difícil retorno.

Aunque a veces suene a cantinela, sigue siendo vigente e inteligente la apuesta por un crecimiento en tecnología en innovación, en calidad,  en valor añadido, como ejes de la competitividad de nuestras empresas y nuestra economía.

 Es cierto que esto lleva tiempo, que no se improvisa. Pero ¿se puede llegar al destino deseado, caminando decididamente en dirección contraria  hacia el punto de partida que queremos abandonar?

Julián Buey. Secretario General CCOO Aragón.

 

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