En el 120 aniversario del Heraldo de Aragón. La aportación del movimiento obrero al desarrollo social.

Publicado: 18 septiembre, 2015 en Sindicato

El Heraldo de Aragón cumple 120 años y con este motivo edita un tomo en el que se hace un recorrido sobre la evolución de nuestra sociedad en todo este período de tiempo, con diferentes aportaciones, desde diversas perspectivas. Está fue nuesta contribución a este ejercicio de recapitulación colectiva.

 La aportación del movimiento obrero al desarrollo social

El progreso de la ciencia, la utilización del vapor como potente fuente de energía, el nacimiento de la industria siderúrgica, la mecanización en la fabricación de bienes de consumo, la construcción de redes ferroviarias… fueron avances que impulsaron un extraordinario desarrollo industrial, a partir de la segunda parte de siglo XVIII en los principales países europeos. A la ampliación de los mercados nacionales siguió una considerable expansión del comercio internacional. El sistema capitalista iniciaba su imparable desarrollo.

Pero esto se basaba en la sobreexplotación, trabajo infantil e  interminables jornadas de trabajo en condiciones infrahumanas, a cambio de unos salarios que apenas alcanzaban para malvivir.  La incorporación  de las mujeres al trabajo, se hacía a costa de doblar jornada en casa y en el taller.

Los que se enriquecían observaban la situación con absoluta normalidad y sostenían que era el precio a pagar para desarrollar un sistema generador de progreso y riqueza.

La respuesta organizativa de la clase obrera  fue cuajando en España a partir de finales del siglo XIX de forma diversa. El movimiento ludista que intentaba detener el proceso industrial asaltando fábricas  y rompiendo las máquinas, dio paso a luchas reivindicativas de mejoras concretas. El movimiento obrero se iba construyendo entre las contradicciones que cada momento histórico, en cada lugar y circunstancia  generaba.  Perspectivas gremialistas, generalistas,  locales,  internacionales, reformistas, anticapitalistas…

La industrialización llegó a Aragón con retraso. El movimiento obrero seguía pautas similares al del resto del país, aunque con una notable implantación del anarcosindicalismo a principios del siglo XX. Con aciertos y con errores, con las dificultades impuestas por un sistema que no quiere límites a su beneficio, con períodos de tolerancia y de represión, el movimiento sindical fue construyendo derechos laborales, sociales y humanos, que trascendían el ámbito estrictamente laboral.  La lucha sindical, con perspectiva histórica,  ha dado  un saldo enormemente positivo, en lo más vinculado al centro de trabajo, en la construcción del estado de bienestar, ampliación de libertades  y derechos de la ciudadanía.

El  levantamiento armado de 1936 contra la legalidad de la Segunda República, tuvo enfrente a unos sindicatos que habían adquirido una importante dimensión. El movimiento sindical se posicionó en defensa de una República que ofrecía mayores cotas de libertad, posibilidades de modernización, transformaciones y mayor justicia social.  La instauración de la dictadura franquista y la terrible represión desencadenada mandó a los sindicalistas al paredón, a la cárcel o al exilio.

El régimen creó el Sindicato Vertical, presentado como organización de trabajadores y empresarios, dirigido por falangistas y burócratas del régimen, no fue diseñado para la defensa de los trabajadores sino para su control.

La absoluta clandestinidad de los sindicatos históricos y la falta de credibilidad de los sindicatos verticales hacen que, en la segunda mitad de los años 50,  las reivindicaciones ante los patronos  sean canalizadas por unas comisiones obreras que van surgiendo en las empresas y que desaparecen una vez cumplida su función. Este movimiento, en un marco de fuerte represión y con enorme personal para sus militantes, se va  configurando de forma muy plural, expresando reivindicaciones, objetivos y prácticas muy similares, hasta convertirse no solo en el único cauce reivindicativo laboral, sino además en el principal movimiento de masas a favor de la democracia y la libertad.  Las Comisiones Obreras fueron un factor fundamental para acabar con la dictadura, traer la democracia y las  libertades y que los derechos laborales y sociales tuvieran reconocimiento constitucional.

Es imposible negar  la contribución del movimiento obrero organizado a la consolidación de las libertades, mejora de las condiciones en el trabajo, modernización,  desarrollo del estado de bienestar y de los derechos sociales, desde su nacimiento hasta nuestros días.

Julián Buey Suñén

Secretario General CCOO Aragón

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